Una lectura de CASA NOSTRA. Antonio MANILLA. (Poesía Hiperión 2025)
La dedicatoria que abre el libro no es para una persona es para una posesión y dice así: «A las cuatro casas que los hombres poseen se dedica este libro: el pasado, la infancia, la muerte y, en muchos casos, la literatura». El poemario se compone de tres partes con diez poemas cada una: “Salón sin luz”, “Casa nostra”, y “Leían".
Comienzo por el principio con el poema “Abuelos”: es la secuencia de un lugar que conocemos, pero en el que no hemos estado, el nombre de un niño que representa lo joven frente al mundo del cayado con el que dibuja ese nombre sobre la misma tierra: “Julio”, todo en seis versos: “Ella lava la ropa. Él dibuja en el suelo, / con el cayado, un nombre. / Alrededor, los nietos juegan. / Julio y el espejismo / –sus risas y festejos el otoño las barre– / de un mundo joven y distinto al suyo.” A partir de ahí, el poeta comienza un camino contra el recuerdo de las risas, el recuerdo de la mirada, a veces infantil, que nos ofrece lugares que se convierten en un paraíso de recuerdos: la alberca, las acacias que rodean el pozo, las moscas locas del verano y el tiempo que convierte en prohibido un lugar, un lugar al que, sin embargo, años después el protagonista del poema se vuelve a bañar y recupera ese primer tiempo de las tardes de agosto: “En sus tranquilas aguas, / luego, la fría luna / recompuso / muy lentamente el rostro. / Un niño la miraba.” La clave del poema “Alberca” es la mirada de ese niño que simboliza el tiempo transcurrido y el reflejo de la luna en el agua. Uno a uno, Antonio Manilla desgrana sus paisajes, donde siempre hay un río y una luz, una herencia de libélulas y riberas, que no es otra cosa que el paisaje inmaterial de la educación, un solo gesto que es un aparejo y una caña de pescar, hacia donde el niño hecho hombre vuelve una y otra vez; los ojos tristes del poema “Salón con retratos", "La tía soltera" y el recuerdo de su áspero cariño, los siete hermanos de “Noticias tristes para Amelia”: «tantos, y aquí ninguno está enterrado» que desarrolla esa conciencia de pérdida, esa sensibilidad hacia los territorios vacíos en los que se han convertido los pueblos y los inviernos, una identidad en los ingredientes de autores leoneses, gallegos y asturianos, que Antonio Manilla denomina como “literatura de Poniente”. Esta primera parte finaliza con lo que Fermín Herrero describe como “elegía maternal”, un delicado abrazo que titula “Tres días de octubre y una coda", "Mater aeterna", "Semper" y "Cabo de año", junto con tres poemas más, en cuyo eco reconocemos la voz del padre.
La segunda parte se llena de distancia respecto de una naturaleza que recupera su terreno y que de alguna manera también expulsa, una paradoja entre oscuridad, astros, relámpagos, ortigas y zarzales, una atracción hacia las múltiples formas de conocer el mundo, sobre las que el poeta vuelve una y otra vez porque en esa naturaleza es donde vive su alma, su casa, sus pérdidas y la culpa imprecisa, como
Sísifo y Tántalo: “este seguir viviendo el dolor y la espera” del poema en el que hasta Perséfone, triunfante y derrotada, mendiga compañía.
La tercera parte del poemario “Leían (cuando ya nadie lo hacía)” es un llamamiento a la resistencia, cuyo primer poema, “Mujer con bolsas” lo dedica a Beatriz Amposta. Roma 1999: Fecha en la que Antonio Manilla, bajo la protección de la beca literaria Valle- Inclán del Ministerio de Asuntos Exteriores, residió en la Real Academia de España en Roma; amiga de Dalí, José Agustín Goytisolo, pareja de Rafael Alberti. “Mujer con bolsas” es un poema muy hermoso: «esta mujer inacabable / con el alma arrancada y frío y sola»; una lluvia que aunque «No limpia ni las hojas de los árboles», empapa; y un encuentro que podría ser el que detalla, entre otras experiencias memorables, José Luís García Martín en su blog "Café Arcadia” el 20 de agosto de 2017. Pués, en referencia al poema, una lluvia así tiene la cualidad de cargar con toda la memoria de los años felices o de toda la vida entera y suficiente fuerza para resistir y rebelarse contra los hombres.
Quizá tenga razón Dereck Walcott cuando dice: “En la niebla se perderá la fe en los refugios de una raza entera" y en la duda, que plantea el poeta en: “Al final de este poema serás más sabio", se recupera, junto con la maduración de la verdad, la conciencia y el tiempo. A partir de este momento una alegoría sobre la palabra, el fulgor oscuro de las palabras frente a la muerte, las palabras frente a la soledad «y el afán de no ser solo» la soledad nos vuelve numerosos, nos hace innumerables, nos conduce al reverso del poema con una advertencia ante las secuelas que puede dejar la lectura en “Efectos secundarios”. Finaliza el libro con un rumor que nos conduzca al futuro de la Historia: «Apolonio, ni fama ni grandeza. / Que de nosotros quede este rumor / vibrando en los anales de la Historia: / leían cuando ya nadie lo hacía».
Que entre este libro en el templo de las musas y bajo la advocación de la diosa Deméter (que prepara la tierra para ser fértil), deje sus versos en sementera, para que germinen y crezcan nuevas plantas.
Con él, Antonio Manilla ganó en el año 2025 el XI Premio Internacional de Poesía José Zorrilla, siendo jurado Jorge de Arco, Raquel Lanseros, Luis Alberto de Cuenca, Jesús Fonseca, Fermín Herrero y Carlos Aganzo.











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